La huelga de tranvías fue el comienzo de un movimiento huelguístico iniciado en la ciudad de Barcelona el 1 de marzo de 1951 como anticipo de una huelga general convocada para el día 22 del mismo mes y que fue seguida por una parte de la población trabajadora. Consitió en el boicot que los ciudadanos de Barcelona hicieron a la Compañia de tranvies, considerada la última batalla de la generación que perdió la guerra
Por primera vez, desde la guerra civil española, se produce una huelga, actividad prohibida por el Régimen y motivo de aversión para Francisco Franco por considerarla como la ley de la selva de sociedades primitivas. Representó una de las primeras manifestaciones masivas contra el franquismo.
En Barcelona comienzan a circular consignas para que no se utilicen los tranvías como protesta por el aumento del precio del billete, lo que suponía agravio comparativo con Madrid, unido al profundo malestar entre la población por las durísimas condiciones de vida de la mayoría de la población desde el fin de la guerra civil española.
Más importante que la huelga en sí misma fue la recuperacio propagadista que llevaba consigo, singularmente en el extranjero
Durante dos semanas, la población se negó masivamente a utilizar el transporte publico, realizó sus desplazamientos a pie y participó en numerosas manifestaciones de protesta, registrándose algún acto de violencia con quema de uno de los tranvías.
Aunque algunos autores consideran la huelga fruto de un movimiento espontáneo, otros indican que fue resultado de la gran tradición libertaria existente en la ciudad, a pesar de que más tarde fue apoyada por militantes de CNT, FNC, FNEC y otros; incluso fue detenido el dirigente del PSUC Gregorio Lopez Raimundo
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